Curso de Filosofía elemental (11)

PSICOLOGÍA
 
 
XI
 
La psicología
 
 
 
58. NOCIÓN Y PARTES DE LA PSICOLOGÍA(*)
 
  Se dice que fue MELANCHTON, en el siglo XVI, el primero que dio a esta ciencia el nombre de psicología.. Anteriormente, los escolásticos medievales la llamaban simplemente De Anima; es decir, tratado del alma. Etimológicamente, psicología significa también ciencia o tratado del alma, pues proviene del griego (—-) (tratado) y (—-) que significa soplo, es decir, soplo vital o principio de vida y animación de los seres vivos: alma, en definitiva.
  Nosotros distinguimos fácilmente entre el ser vivo y el ser inerte, inaminado. Dos caracteres distinguen al ser vivo del que no lo es:
  1º. Su automovimiento, la inmanencia de sus operaciones. El ser vivo posee en su interior una fuente de energía, y se mueve a sí mismo. Los seres no vivos son, en cambio, inertes, y si se mueven es por una acción exterior a ellos mismos.
  2º. La heterogeneidad y organicidad de sus partes o elementos, cuando se trata, como sucede en este mundo, de un ser vivo corpóreo. El ser vivo, a diferencia del ser material inorgánico, posee una multiplicidad de partes o elementos estructurados en orden a la unidad vital del ser de cuyo funcionamiento son órganos o instrumentos. Así, las partes del ser vivo no son separables ni tienen existencia fuera de la unidad vital a la que sirven, como la tienen las partes de la materia inerte.
  Cuando el ser vivo muere, cesa en su automovimiento, y sus partes se descomponen en sustancias diversas, es decir, dejan de estar ordenadas unas a otras, de ser órganos de un solo ser. Algo desaparece o separa de ese ser, y ello se precisamente el alma o principio vital. Ese algo distinto de la materia, que no se ve, ni se mide, ni se pesa, que es causa de la unidad y de las funciones del ser vivo, es precisamente lo que estudia la psicología.
  De dos modos puede estudiar la psicología su objeto. Una es observando la actividad anímica, los hechos psíquicos, mediante la observación interior –que se llama introspección–, y otra, llamada extrospección, mediante la observación de las manifestaciones psíquicas de los demás. Puédense así describir, clasificar, averiguar las causas inmediatas y las leyes de producción de los hechos psíquicos, y será ésta la parte de la psicología que se llama empírica (experimental) o científica. Cabe también elevarse por encima de estos hechos o manifestaciones del ser psíquico hasta el sujeto que los produce. Esta consideración del alma en sí misma, constituye una segunda parte de esta ciencia que se llama psicología racional. Ella se pregunta qué es el alma en sí misma, cuáles sus atributos, cuál su origen y destino, etc.
  Puede, pues, darse una definición muy general de la Psicología como; la ciencia del alma y de sus hechos o manifestaciones. En ella están comprendidas las dos partes que hemos distinguido en esta ciencia: la consideración empírica de los hechos psíquicos y la consideración del alma como unidad, causa agente de aquellos hechos psíquicos. Y como el alma es el principal vital de los seres vivos, cabe definir aún más simplemente a la Psicología como <<la ciencia de la vida>>.
 
 
59 NOCIÓN DE "HECHO PSÍQUICO"
 
  Entendemos, en general, por hechos cuanto sucede o se realiza en la Naturaleza y es susceptible de ser estudiado por las ciencias: la rotación terrestre, el crecimiento de un ser vivo, una sensación visual… son hechos de la naturaleza.
  Estos hechos son muy diversos entre sí, y se agrupan por lo mismo en clases u órdenes distintos. Unos son hechos físicos, otros químicos, otros biológicos, otro psíquicos. Su diversidad da lugar a las ciencias que tratan de conocer y explicar esos hechos: Física, Química, Biología, Psicología.
  Los hechos de la Naturaleza no son, sin embargo, independientes e ininfluyentes entre sí, sino que los superiores y más complejos se edifican sobre los inferiores y más elementales, los cuales a su vez los sustentan y condicionan. Así, los hechos biológicos se constituyen sobre los físicoquímicos, y los psicológicos sobre unos y otros. Esto no supone que los más complejos puedan reducirse a un efecto de la combinación de los inferiores, antes bien poseen leyes y modos de ser propios y diferenciales.
  Dentro de este complejo jerárquico de hechos que nos ofrece la naturaleza, nos interesa aquí, ante todo, deslindar con claridad los hechos psíquicos de los hechos no psíquicos, esto es, de los físico-químicos y de los meramente biológicos vegetativos.
  Los hechos psíquicos se distinguen de los físicos y químicos por ser actos de un ser vivo cuyo carácter irreducible de la animación (automoción y organicidad) hemos ya descrito. Podemos decir que los hechos psícquicos son interiores a un ser psíquico, inmanentes a la vida. Pero no habremos dicho bastante, porque también los fenómenos fisiológicos o biológico-vegetativos son interiores a un ser vivo, y no son, sin embargo, psíquicos. Cabe precisar más diciendo que los hechos psíquicos pertenecen a la vida íntima de un sujeto cuya sola conciencia pueda conocerlos de un modo directo. En esta íntimidad o subjetividad consciente de los hechos psíquicos entra el sujeto en relación con el mundo que le rodea, se siente diferente de él y lo conoce en unos casos, y tiende conscientemente hacia él, en otros. A esta referencia de los hechos psíquicos hacia un mundo circundante (el mundo del sujeto) se llama en psicología, intencionalidad. Los hechos psíquicos (una sensación, una percepción, un recuerdo, un pensamiento) se refieren (intenden) a una realidad distinta de ellos mismos que se halla en el mundo circundante en que se sitúa el sujeto.
  Es cierto qe puede haber hechos psíquicos inconscientes o subconscientes, como es el sueño; pero, aun en estos casos, se trata de hechos íntimos a un sujeto –por él solo vividos- y en los que no falta una referencia o enfrentamiento del sujeto con su mundo.
  Puede, pues, definirse a los hechos psíquicos como aquellos que acaecen en la intimidad de un animal (o sujeto, racional o irracional), en tanto que se encuentran en una conexión con un mundo objetivo (o sistemas de objetos), conexión por referencia a la cual se llaman intencionales.
  El conocer y el tender –la vida psíquica– son diferentes en las distintas species animales. Por tal motivo, esa realidad o mundo objetivo no es algo común e igual para todos los sujetos, sino que cada especie tiene su mundo, con su estructura y organización características. El mundo o sistema de objetos de un insecto es distinto del mundo de un mamífero. El mundo del hombre es inmensamente más rico, pues el hombre, por el conocimiento intelectual, entra en contacto con realidades desconocidas para el animal.
  Ahora bien, si los hechos psíquicos se definen por la conexión intencional del sujeto con su mundo de objetos, y si esta conexión da comienzo en los actos de conocimiento, se comprende que los hechos psíquicos impliquen siempre actos cognoscitivos. Por ello mismo no parece necesario atribuir psiqué o alma (en un sentido restringido y moderno, no el aristotélico) a organismos como las plantas, que carecen de sistema nervioso y, por tanto, de aparatos receptores (órganos de los sentidos).
 
 
60. CARACTERES DISTINTIVOS DE LOS HECHOS PSÍQUICOS
 
  Además de la característica fundamental de la intimidad e intencionalidad, los hechos psíquicos se señalan por las siguientes características diferenciales:
  1ª. Al no ser materiales, son ajenos al espacio y a cualquier determinación espacial. Ciertamente suceden en un espacio, por razón de estar vinculados a un organismo y condicionados por él, pero en sí mismo nada tienen de espaciales, ni figura ni dimensiones.
  2ª. Por la misma razón son también ajenos a la cantidad. Puede hablarse en ellos de intensidad (al menos, en los directamente provocados por un agente material), pero carece de sentido medirlos o cuantificarlos estableciendo una unidad de los mismos. Un deseo no es tantas o cuantas veces mayor que otro; es, simplemente, otro: distinto e irrepetible.
  3ª. Por idéntica causa, y en razón de su intimidad, los hechos psíquicos son inasequibles a la observación de los sentidos. Un hecho físico, incluso un hecho fisiológico (en una operación quirúrgica, por ejemplo), pueden ser contemplados por observadores ajenos. El hecho psíquico, en cambio, sólo es observable por el que lo vive. De aqui que la intimidad del pensamiento y de la intención de cada sujeto sean siempre incógnitas para los demás. Puede saberse de los hechos psíquicos ajenos por sus repercusiones orgánicas (mutación de color, de expresión, de voz, etc.), pero no por experiencia directa y contrastable.
  4ª. Los hechos psíquicos, en fin, carecen de la discontinuidad de los físicos, que empiezan y terminan con una diferenciación neta. Si bien unos hechos psíquicos se diferencian cualitativamente de otros (un deseo no es un recuerdo), en la práctica se funden en una sucesión continua en la que consiste el pensar interior de cada ser psíquico. Los hechos psíquicos, interpenetrándose, forman la corriente de la conciencia, en la que no pueden señalarse límites precisos ni soluciones de continuidad.
 
 
61. MÉTODOS DE LA PSICOLOGÍA: INTROSPECCIÓN Y EXTROSPECCIÓN*
 
  Si los hechos psíquicos son, ante todo, hechos de conciencia íntima, sólo podrán ser observados en su realidad original por el sujeto que los vive. De aquí que el método primero y fundamental para el estudio de la Psicología sea el que se conoce con el nombre de introspección (del latín specio, ver; introspección, mirar hacia dentro), consistente en una reflexión sobre la vida psíquica interior, en virtud de la cual adquirimos conciencia de nuestras propias vivencias como tales. De la vida psíquica de los demás podemos alcanzar un cierto conocimiento, no directamente, ya que la conciencia íntima es siempre inasequible para quien no sea el propio sujeto, pero sí por sus manifestaciones somáticas, sean emocionales (palidez, sonrojo, etc.), sean expresadas en la conducta o comportamiento. De aquí el segundo método psicológico llamado extrospección (mirada hacia el exterior). Mediante él observamos e interpretamos el obrar ajeno como inspirado por una vida psíquica semejante a la nuestra. Resulta indudable que sólo por analogía con nuestras propias vivencias podemos estudiar extrospectivamente la vida psíquica, ya que sin ese dato original e inmediato carecerían para nosotros de sentido los actos de los demás, o sólo muy conjetural e inciertamente podríamos interpretarlos, como nos acontece con la conducta de los animales.
  Sin embargo, y a pesar de este carácter original y previo de la introspección, su validez como método científico ha sido negada por algunas escuelas de Psicología contemporáneas, especialmente por la llamada behaviorista (del inglés behaviour, conducta) o conductista, cuyo principal representante fue John WATSON. Apoyan esta opinión en la exigencia de que los conocimientos científicos sean objetivos, es decir, contrastables o comprobables por una pluralidad de sujetos, lo que no puede darse en la pura observación interior. Opinan también que muchos fenómenos psíquicos no pueden ser objeto de reflexión sin que desaparezca la realidad misma que se pretende examinar. Un acceso de ira, por ejemplo, no es compatible con una actitud de observación reflexiva por el propio sujeto; si ésta se impone, la ira ha desaparecido previamente.
  El conductismo, sin embargo, resulta insostenible, ya que ciega el verdadero cauce por donde puede alcanzarse una actividad como la psíquica, que, como hemos dicho, es por naturaleza subjetiva e íntima. Es cierto que un método mixto en el que la introspección se complete con la extrospección repetida y comprobada aportará a los resultados obtenidos una firmeza científica que la sola introspección individual no puede proporcionar. En cuanto a la pretendida incompatibilidad de los fenómenos psíquicos originales con la reflexión sobre los mismos ha de responderse que, además de la memoria, el sujeto posee una conciencia consecutiva inmediata por la cual sus propios estados, si bien han desaparecido del presente de la conciencia desalojados por la misma autorreflexión, se ofrecen todavía a ésta con la viveza de un rastro inmediato, de lo recién experimentado.
  Existe, en fin, un método intermedio entre la introspección y la extrospección que se conoce por introspección indirecta. En ella el psicólogo no observa su propia conciencia ni tampoco la conducta exterior de los demás, sino la conciencia interior de los otros sujetos, valiéndose de su testimonio espontáneo y procurando interpretarlo. Una aplicación de este sistema es el método psicoanalítico introducido por el vienés Segismundo FREUD (1856-1939) y prolongado principalmente por C.JUNG. En él utiliza el psicólogo los informes de sujetos de experimentación (relatos de sueños, asociación espontánea de palabras, etc.) y pretende llegar mediante su interpretación al subconsciente psíquico, es decir, a aquella capa de la vida psíquica que no alcanza el umbral de la conciencia, pero que influye en ella. El psicoanálisis ha sido muy empleado para la terapéutica de enfermedades psíquicas por el procedimiento de descubrir en el sujeto los complejos, que son sistemas de representaciones dotados de una carga afectiva o emocional que no han sido asimilados por la corriente general de la conciencia y que obran en ella de una forma en cierto modo autónoma y perturbadora (complejo de culpabilidad, de inferioridad, etc.). Según el psicoanálisis, tales complejos se corrigen sacando a la luz de la conciencia sus ocultos y perturbadores motivos.
  Tanto la introspección como la e extrospección pueden emplear el procedimiento de la observación, el de la experimentación o la combinación de uno y otro. La observación se limita a registrar y describir lo que la vida interior o el testimonio o la conducta ajena nos ofrecen. La experimentación, en cambio, provoca el fenómeno modificando sus circunstancias para apresurarlo o inhibirlo. La experimentación se vale frecuentemente de aparatos idóneos para la exploración de la vida psíquica y aun para la medición de sus repercusiones orgánicas. Así, por ejemplo, el pulsógrafo o el ergógrafo, para medir la fatiga; el pletismógrafo, que registra la circulación de las extremidades; el taquitoscopio, para presentar rápidamente imágenes sucesivas. El llamado detector de mentiras se forma de una combinación de diferentes aparatos. Pero el auxiliar más valioso de la Psicología experimenta es el test.
   Se llama test o reactivo a ciertas pruebas (cuestionarios, problemas prácticos, etc.) a que se somete a un sujeto para comprobar en él aptitudes naturales o adquiridas.
   Los test se utilizan mucho en pedagogía para la clasificación de los sujetos y para la orientación profesional. Modernamente se ha otorgado un alcance excesivo a la experimentación psicológica, particularmente al test, suponiéndole capaz de un pleno diagnóstico de aptitudes y aun de una medición de las mismas. En realidad, el espíritu de cada individuo es algo demasiado complejo y sutil, y su desarrollo demasiado variable para que pueda establecerse un diagnóstico resolutivo sobre el mismo; mucho menos para prestarse a una cuantificación de sus potencias. Cabe, sin embargo, apreciar por estos medios determinadas aptitudes en los sujetos que puedan servirles de orientación profesional, y asimismo ciertos oficios que requieren rapidez de reflejos o rapidez mental pueden encontrar en estos procedimientos psicométricos un buen auxiliar de selección.
  
   Por el vocablo test –reactivo– se acostumbra internacionalmente a designar toda prueba psicológica encaminada a la medición de las aptitudes de un sujeto o a la exploración de los factores componentes de su personalidad. El campo de aplicación de los test se extiende a los sectores clínico, pedagógico y profesional.
   Los test se clasifican por el método en psicométricos y proyectivos; por el sujeto, en individuales y colectivos, y por el material empleado en impresos (test de papel y lápiz) y manipulativos. Si atendemos a los rasgos detectados, cabe distinguir tres grandes grupos de test, según exploren el rendimiento, la aptitud o la personalidad. Dentro de los de rendimiento se sitúan los test escolares y los profesionales. Entre los de aptitud, las pruebas de inteligencia general, los de factores cognoscitivos y los de otros comportamientos psíquicos, como la atención, la memoria, la percepción, la psicomotricidad. Finalmente, los test de personalidad se refieren sintéticamente a la persona en su compleja unidad, o, más bien, a sus componentes analíticos, como serían el soporte caracterológico, los intereses profesionales, las tendencias vitales, etc.
   En todo este complejo de técnicas ideadas para la psicología experimental, en su dimensión práctica, gozan especial aceptación las Escalas de Inteligencia. Tradicionalmente, las de Binet-Simón, revisadas por Terman-Merrill, determinan el ya divulgado cociente intelectual, en función de las edades mental y cronológica {C. I. = (E.M9)/(E.C)}, y, más recientemente, las Escalas de Weschler-Bellevue, que aprecian el deterior mental, aparte de la estructuración tipificada de las series de sus elementos verbales y de manipulación.
   Para una realización colectiva de esta pruebas se utilizan sistemas tan prestigiados como las Matrices Progresivas de Raven, o los Dominós de Anstey (ambas referidas al factor G), así como la Batería factorial de aptitudes mentales primarias, de Thurston.
   Como resultado de una perfecta exploración se obtiene el psico-diagnóstico del sujeto, cuya orientación clínica, escolar o profesional se desa. Para facilitar estas indicaciones han sido elaborados los perfiles psicológicos, expresados a veces mediante psicogramas, o más frecuenteente por valores estadísticos de tendencia central, por medidas de dispersión o variabilidad y, sobre todo, con referencia a una distribución de la curva normal, por los llamados percentiles. Los más comunes niveles intelectuales, al igual que los diferentes grados de subnormalidad o supranormalidad pueden ser así valorados con suficiente objetividad (L. REY ALTUNA).
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