Curso de Filosofía elemental (6)

Otras clases de argumentación.
 
La argumentación hipotética.
  Hemos dicho que recibe propiamente el nombre de silogismo la expresión del razonamiento deductivo categórico. Sin embargo, dentro todavía de la deducción, existen argumentaciones no categóricas; es decir, que no parten de una proposición categórica, sino de una hipotética o de una disyuntiva. Ello da lugar a las argumentaciones hipotética y disyuntiva, cuyas formas y leyes nos corresponde estudiar ahora.
  La primera de estas formas de argumentación parte de una proposición hipotética o condicional, y su estructura es, por tanto, distinta de la del silogismo. La primera se ha llamado modus ponendo ponens; en ella, la premisa menor afirma la realidad de la condición, y la conclusión infiere asimismo la realidad de lo condicionado. Por ejemplo:
                                        Si te toca la lotería serás rico;
                                        Te tocará la loteria:
                                        Luego serás rico.
  En la segunda –modus tollendo tollens–, la premisa menor niega la realidad de lo condicionado y se concluye la no realidad de la condición:
                                         Si hace viento, los árboles se mueven;
                                         Los árboles no se mueven:
                                         Luego no hace viento.
  Las leyes que rigen a esta argumentación hipotética son las siguientes:
1ª. De la afirmación de la condición se infiere la realidad de lo condicionado.
2ª. De la negación de lo condicionado se infiere la irrealidad de la condición.
  Obsérvese, sin embargo, que no puede inferirse a la inversa; es decir, que: primero, de la negación de la condición no puede deducirse la negación de lo condicionado. (Sea en nuestro segundo ejemplo: de que no haga viento no puede deducirse que los árboles no se muevan, porque pueden moverse por otras causas.) Y, segundo, de la afirmación de lo condicionado no cabe inferir la realidad de la condición. (Así, en nuestro primer ejemplo, de la afirmación de que seas rico no puede deducirse que te haya tocado la lotería, ya que puede obedecer a otras causas.)
La argumentación disyuntiva
  Llámase disyuntiva a la argumentación que parte o arranca de una proposición disyuntiva. Caben también dos modalidades en su posterior desarrollo: En la forma ponenedo tollens, la premisa menor afirma una de las alternativas que estableción la mayor, y la conclusión infiere la negación del otro u otros términos de la disyunción:
                                     Todo cuerpo es o sólido o líquido o gaseoso;
                                     Este cuerpo es sólido;
                                     Luego no es ni líquido ni gaseoso.
  En la segunda forma (tollendo ponens), la premisa menor establece la no realidad de uno o más términos de la disyunción, y la conclusión infiere la realidad de la otra u otras alternativas:
                                     Todo cuerpo es o sólido o líquido o gaseoso;
                                     Este cuerpo no es sólido;
                                     Luego es o líquido o gaseoso.
  Las leyes de esta argumentación se deducen fácilmente:
1ª. De la afirmación de un término de la disyunción se infiere la negación de los restantes.
2ª. De la negación de una o más de las alternativas se deduce la afirmación de alguna de las restantes.
 
El dilema*
  Dilema es una forma compleja y especial de la argumentación disyuntiva, en la que, partiendo de una disyunción, se muestra, a través de las premisas menores, que todos los términos de la disyunción conducen a una misma consecuencia. El dilema es una arma dialéctica (para la discusión), argumentando en tenaza que cierra toda salida en cualquier sentido que no sea el de la conclusion. Sirve de ejemplo este que se halla implícito en una conocida jota:
                                        O bebo o no bebo;
                                        Si bebo me llaman borracho;
                                        Si no bebo, miserable;
                                        Luego siempre se obra mal.
  La mayoría de los dilemas son razonamientos ingeniosos, pero que no concluyen verdaderamente, porque la realidad no se presata, por lo general, al disyunciones confluyentes que no dejen término medio. Es muy frecuente que pequen contra algunas de las siguientes reglas de su correción:
  1ª. Que la disyunción sea perfecta; es decir, que no quepa otra alternativa. En el ejemplo puesto cabe, entre los términos que se proponen, la alternativa de beber moderadamente.
  2ª. Que la conclusión se deduzca de los miembros y sea realmente la única posible.
  3ª. Que el dilema no sea retorsible; es decir, que no se pueda, mediante la afirmación de aspectos distintos de los términos de la disyunción, llegar a una consecuencia opuesta. Tal puede ser el caso del dilema que nos sirvió de ejemplo si lo retorcemos de este modo:
                                        O bebo o no bebo;
                                        Si bebo me llaman alegre;
                                        Si no bebo, virtuoso:
                                        Luego siempre se obra bien.
 
34. RAZONAMIENTO INDUCTIVO
 
 
 Nuestra primera división del razonamiento (núm. 30, & 3) distinguió el razonamiento deductivo del inductivo. Hemos estudiado ya el primero, es decir, aquel que parte de un juicio universal e infiere otro particular o menos general que se hallaba como implícito o abarcado en aquél. Se comprende inmediatamente la necesidad de un razonamiento inverso que permita adquirir estas verdades universales de que se parte en la deducción. Estas no aparecen por sí en nuestra mente ni las poseemos de un modo innato; antes bien, es preciso adquirirlas razonando. La experiencia, por otra parte, se nos ofrece ene realidades singulares y en hechos concretos, de los que tenemos forzosamente que partir. Aquí radica precisamente el papel de la inducción.
  Inducir es obtener de verdades particulares o menos generales una universal que las englobe y comprende. La ciencia progresa valiéndose del razonamiento deductivo; es decir, relacionando unas verdades generales con otras y alumbrando así nuevos conocimientos; conocimientos que, si bien estaban implícitos, no eran patentes para nosotros. Pero resulta claro que previamente a la deducción es necesario una inducción para el logro de esas verdades universales.
  La inducciónpueder ser completa, también llamada aristotélica (aunque Aristóteles conociera ambas) y la incompleta. La primera arranca de afirmar algo de cada una de las partes de un todo, sin omitir ninguna, e infiere esa afirmación del todo mismo. Sirva de ejemplo:
                        El hombre blanco, el negro, el amarillo, el mestizo, son seres longevos;
                        El blanco, el negro, el amarillo y el mestizo son todos hombres;
                        Luego el hombre es un ser longevo.
  Mediante la inducción completa se obtiene una verdad nueva relativa a un género o especie superior y distinto a los que se manejan en las premisas, y no un mero resumen o rotulación nueva de lo que ya sabíamos. Sin embargo, el campo de aplicación de la inducción completa es muy limitado. Ante todo es muy poco frecuente que se puedan conocer todos los individuos que componen una especie o todos los casos que responden a una ley. Cualquier especie se compone de un número inconmesurable de indivudos presentes, pasados y futuros; cada sustancia inorgánica se realiza en un número o extensión de materia cuyos límites son desconocidos; cada ley abarca un número indefinido de casos imprevisibles. En segundo lugar, aun cuando se trate de especies de un género (los diversos metales dentro del género metal, por ejemplo) y nos sea posible enunciar todos los casos, nunca estaremos seguros de que sean realmenten todos los casos (pueden descubrirse más metales).
  Por esto nuestras inducciones suelen ser inducciones incompletas; es decir, apoyadas en cierto número de casos singulares d elos que se infiere una afirmación general válida para la especie, o una ley universal referente a su modo de obrar. El científico observa o experimenta sobre un cierto número de casos en que un fenómeno se opera, y ello le sirve de base para enunciar una ley científica de carácter universal y necesario. La ley, por ejemplo, el calor dilata los cuerpos, fue descubierta por la observación de ese hecho y de esa relación en un cierto número de cuerpos, no ciertamente en la totalidad de los cuerpos existentes.
 
35. FUNDAMENTO LÓGICO DE LA INDUCCIÓN CIENTÍFICA
 
  Los científicos, como hemos dicho, construyen su ciencia casi exclusivamente sobre la base de inducciones y muy especialmente cuando se trata de ciencias de la naturaleza. Por ejemplo, el físico, al formular la ley que dice que todo cuerpo abandonado a su peso cae, lo que hace es formuar una verdad con pretensiones de universalidad, la cual ha obtenido partieno de una serie de verdades particulares que son los reiterados casos que él ha experimentado y en cada uno de los cuales ha podido comprobar que, en efecto, los cuerpos con que experimentó cayeron al abandonalos a su propio peso.
  Lo que ha hecho el físico ha sido una inducción incompleta, pues es obvio que no ha comprobado uno por uno el comportamiento de caída de los infinitos cuerpos existentes, sin contar con que, por su puesto, no le ha sido posible experimentar con los cuerpos futuros. Ahora bien, ¿por qué le es lícito al físico realizar esa inducción incompleta? O, dicho de otro modo, ¿con qué derecho ha formulado una ley universal y, por lo mismo, aplicable a todos los cuerpos existentes, que han existido o existirán, cuando en realidad sólo ha experimentado una porción ínfima de casos concretos?
  La referida inducción se justifica y legitima en virtud del llamado <<principio de causalidad>>, que constituye el fundamento lógico de aquélla. Dicho principio afirma que todo lo que se produce obede a una causa; y como el físico ha comprobado que en todos los casos experimentados se ha producido el mismo fenómeno de la caída, extrae de ello la consecuencia de que hay una misma causa (la gravedad) para todos esos hechos idénticos, y que, por tanto, mientras dicha causa siga existiendo producirá siempre el mismo efecto sobre todos los cuerpos.
  Pero ¿en qué momento nos reconoceremos ante esta nueva realidad? Es evidente que muchas veces se incurre en generalizaciones precipitadas. Casi todas las supersticiones, por ejemplo, se basan en falsas generalizaciones motivadas por la sucesión fortuita de determinados hechos en determinadas circunstancias. Si un círculo de gente presencia una persistente reiteración de desgracias en días 13 o en martes, por ejemplo, inducirá el carácter maléfico de esas fechas, creencias que transmitirán después a círculos cada vez más amplios.
  Para una inducción correcta, el científico procede de la siguiente forma: ante la reiteración de un hecho en determinadas circunstancias emite una hipótesis: una conjetura sobre la posible relación de esos fenómenos con una causa de la que serían efectos. La hipótesis surge en su mente por un golpe de luz, fruto de la imaginación o de las facultad relacionante. Tras de la hipótesis debe venir la comprobación, que si tiene éxisto, convertirá a la hipótesis en resultado firme de una inducción científica.
  FRANCISCO BACON, filósofo renacentista, propuso un método para lograr una concluyente y seguro comprobación de las hipótesis. Se forma este método de las por él llamadas tablas de la inducción científica, que son tres: tabla de presencia, tabla de ausencia y tabla de grados. La primera debe registrar los casos en que la presencia del fenómeno en cuestión coincide con la supuesta causa. La de ausencia debe comprobar aquellos otros en que la no presencia del fenómeno va acompañada de la ausencia de la causa en hipótesis. La de grados, en fin, registrará la coincidencia entre el aumento y disminución gradual de uno y otra.
  Sea, por ejemplo, el caso en cuestión la averiguación de la causa de unos determinados ruidos en nuestro aparato receptor de radio. Su intensidad, duración e intermitencia nos hace suponer que su causa sean los movimientos de ascensor. Para comprobar esta hipótesis veremos si a un ruido corresponde realmente el funcionamiento del ascensor. Si así es, cabe, sin embargo, que se trate de una mera coincidencia. Veremos entonces si cuando cesa el ruido se ha detenido también la supuesta causa. Cabe todavía una última comprobación: si a pequeñas variaciones graduales del ascensor responden ruidos asimismo graduales. Si la comprobación responde a las tres tablas, podemos tener la seguridad de haber realizado una inducción correcta. STUART MILL, lógico del siglo XIX, amplió y completó lastablas baconianas con sus métodos llamados de concordancias, de diferencias, de variaciones concomitantes y de residuos.
 
36. EL RAZONAMIENTO DE ANALOGÍA*
 
  Muchos lógicos citan, al lado de la deducción y de la inducción, una tercera clase de razonamiento, que no va de lo universal a lo particular ni viceversa, sino de lo particular a lo también particular, basándose en analogías que entrambos se encuentran. Es el razonamiento que hemos llamado de analogía. Si, por ejemplo, inferimos que una persona padece determinada enfermedad por cierto parecido en el color de su cara con otra que la padecía, tendremos una inferencia por analogía.
  Sin embargo, más que un tipo nuevo de razonamiento de particular a particular, se trata en estos casos de un doble y casi simultáneo razonamiento inductivo y deductivo, generalmente basado en un golpe rápido de hipótesis, causa muchas veces de generalizaciones precipitadas. En el ejmplo propuesto se trata de un razonamiento inductivo, que de dos casos, uno comprobado y otro sin comprobar, induce un juicio general que enlaza determinado color con determinada enfermedad, y otro deductivo, que infiere el de que tal individuo (el caso sin comprobar) padece esa enfermedad.
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