Curso de Filosofía elemental (14)

XIV
 
El entendimiento
 
 
73. EL CONOCIMIENTO INTELECTUAL. NOCIÓN DEL MISMO.
 
   El hombre, como animal, conoce por los sentidos externos e internos, pero no agota en ellos su capacidad de conocimiento. Posee además, un superior y peculiarísimo medio de conocer, que es la razón o el entendimiento. Mediante él puede el hombre elevarse desde el conocimiento de lo concreto, singular y material (esta mesa, ese caballo, aquel objeto triangular…) al de lo universal o abstracto (la mesa, el caballo, el triángulo); puede también juzgar y razonar, es decir, elaborar la ciencia y progresar; puede, asimismo, hablar y formar sociedad propiamente dicha, es deci, una relación espiritual con sus semejantes. De nada de esto hay rastro en el animal, que se limita al campo de lo concreto material y a las relaciones tendenciales con las cosas que el instinto de su especie determina en él.
   Se ha comparado al entendimiento con una luz que permite al hombre leer dentro de las cosas sensibles (intus-legere, intelección) y captar el universal que está en ellas, su naturaleza común, prescindiendo de lo que tienen en singular y concreto.
   Esta luz establece una diferencia esencial (no de grado) entre el conocimiento humano y el animal. Del mismo modo que el ojo no puede ver si no hay luz, así el animal no puede conocer universales si no tiene la luz del entendimiento. Tampoco puede el animal hablar, porque cuanto se diga es expresión de un juicio, y todo juicio requiere conceptos o universales para su formación. Ni puede, en fin, progresar, ya que no razona –que es el medio de adquirir nuevas verdades–, por modo tal que el animal realiza perpetuamente la misma melodía vital, al paso que el hombre es creador, en cierto modo, de su propia vida y de su propio mundo. Juzgar y razonar son, como veremos, las funciones del entendimiento que completan la función abstractiva. Consecuencia de su conocimiento reacional es, en fin, su modo propio de tender –la voluntdad o apetito racional–, que, por ser racional, es libre y pone al hombre en condiciones de ser autor de su propio destino.
 
 
74. TEORÍAS HISTÓRICAMENTE DADAS ACERCA DEL CONOCIMIENTO DE LOS UNIVERSALES*
 
   El conocimiento intelectual o captación de ideas o universales constituye la diferencia específica del hombre, de modo tal que se define a éste precisamente como animal racional. En cuanto animal posee el hombre sentidos corpóreos (vista, tacto, imaginación, etc.). Como racional tiene entendimiento por el que aprehende o capta lo inmaterial, lo universal, y en ello radica su diferencia específica del hombre. Esto supuesto, se comprende la importancia que en la historia del pensamiento filosófico ha tenido la cuestión acerca del origen de los universales, del modo como el hombre los capta y posee. Pueden resumirse en tres grupos de teorías las que históricamente se han propuesto sobre este problema:
   1º. Teorías racionalistas: El conocimiento de los universales se realiza exclusivamente a través de la razón, y los sentidos no intervienen para nada en su formación.
   2º. Teorías empiristas: La única fuente de conocimiento son los sentidos, y los universales son una mera elaboración o combinación de los datos sensoriales.
   3º. Teoría intelectualista: En el conocimiento de los universales intervienen la razón y los sentidos, o, más bien, ese conocimiento es producto de la razón sobre el material que le aportan los sentidos.
 
Las teorías racionalistas
   Las teorías de tipo racionalista suponen que el conocimiento de los universales procede de la razón que los intuye directamente o los posee de modo innato (desde el nacimiento), sin intervención alguna de los sentidos..
   En la antigüedad profesó esta teoría PLATÓN (427-347 a. de J.C.). Para este filósofo el alma del hombre preexistió, antes de encarnarse en el cuerpo, en un lugar celeste, mundo de las Ideas, donde contempló las esencias puras (los universales) que tenían allá una existencia subsistente, separada de las cosas concretas que las realizan y anterior a ellas. El alma es expulsada de ese cielo empíreo por una especie de pecado original y se encarna en un cuerpo. A partir de este momento se verá condenada a conocer a través de los sentidos corporales, que le mostrarán sólo cosas concretas, materiales e individuales. Pero como las cosas de este mundo son a modo de sombra o reflejo de las Ideas, harán al alma recordar ese su origen, cuya memoria estaba en ella como adormecida. El conocimiento de los universales procede así para Platón, por recordación, es decir, de la razón misma que los poseía de modo innato y originario.
   En la Edad Media reaparece esta teoría bajo el nombre de realismo absoluto, dentro de lo que entonces se llamó cuestión o controversia de los universales. Versaba tal cuestión sobre cuál sea la naturaleza de las ideas o universales, si existen o no fuera de las cosas de este mundo con una realidad propia, subsistente. Los realistas (ESCOTO ERIÚGENA, SAN ANSELMO) suponían, como Platón, que los universales son res (cosa) –de ahí realismo– con carácter subsistente, como modelo o arqueotipo de las cosas de este mundo, y que sólo la razón los intuye por una especie de iluminación superior.
   En la Edad Moderna, el racionalismo cartesiano (DESCARTES, 1596-1650) vuelve a suponer que el espíritu posee las ideas como contenidos formados desde el origen de la mente, innatos. La filosofía cartesiana es un análisis de las ideas del espíritu.
 
Las teorías empiristas.
   El empirismo (del griego empeiria, experiencia) supone que el conocimiento de los universales procede de la experiencia de los sentidos y que no rebasa el ámbito de esa experiencia.
   En la Edad Media aparece esta doctrina bajo el nombre de nominalismo dentro de la mencionada controversia de los universales. Según los nominalistas (ROSCELINO DE COMPIEGNE), los universales no tienen ningún género de existencia fuera de la mente: son meros nombres, palabras vacías (flatus vocis) con que nosotros designamos a cosas que se parecen entre sí o que nosotros agrupamos mentalmente.
   En la Edad Moderna, la escuela empirista inglesa (iniciada por LOCKE, 1632-17049) supone que nuestro espíritu norecibe otros contenidos que aquellos que le suministran los sentidos (sensaciones y sus compuestos) y que de ninguna manera puede trasponer este ámbito de lo concreto sensorial. Las ideas o universales no son sino complejos de sensaciones que se forman en la mente, o bien imágenes confusas, a las que se designa con un nombre global que no tiene relación alguna con la realidad.
 
 
75. LA TEORÍA INTELECTUALISTA. FUNCIÓN ABSTRACTIVA Y CONCEPTO
 
   Según la teoría intelectualista (ARISTÓTELES, SANTO TOMÁS DE AQUINO), en la formación del universal colaboran la sensibilidad y la razón o entendimiento. El conocimiento humano se inicia a través de los sentidos; quien esté privado de sentidos no puede alcanzar ningún contenido de conocimiento. Pero el conocimiento intelectual, aunque parta del conocimiento sensible, es algo superior y distinto, algo que no posee el animal. Es un leer dentro (intus-legere), un poder de penetrar en el interior del objeto e iluminar en él su forma para lograr esa reproducción en la mente que se llama idea o concepto. Puede compararse la función del entendimiento con la que en los cuerpos ejercen los rayos X: una ilunimación interior, el descubrimiento de una realidad profunda que no es accesible a los sentidos. Merced a esta facultad puede el hombre traspasar la esfera de las cosas concretas o individuales en que se mueve el animal para penetrar en el mundo inteligible que le permite un modo superior de existir, de relacionarse y de progresar.
   Según la teoría aristotélica, el conocimiento intelectual se realiza de este modo: Los sentidos aportan el material sobre el cual el entendimiento obtendrá su conocimiento de los universales, y sin el cual no puede realizar su función. El entendimiento es una facultad que posee dos potencias: el entendimiento agente (intellectus agens) y el entendimiento posible o pasivo (intellectus possibilis). El primero es como una luz que, sobre la imagen de las cosas, ilumina el universa que está en ellas (su forma) y lo abstrae (o separa) de lo que es concreto o individual. El entendimiento posible recibe después, a modo de pantalla, esta proyección intelectual, y en él se realiza el concepto, la representación de lo universal en la mente.
   Según esta teoría, hay algo en las cosas materiales que justifica el concepto o universal (recuérdese su forma en la teoría hilemorfista). Pero el universal no existe realmente en la naturaleza; en la naturaleza hay caballos individuales, pero no un caballo universal o perfecto, como quería el platonismo (realismo absoluto). No por ello es un puro nombre (nominalismo), sino que expresa algo fundado en la realidad (realismo moderado).
   Tales fueron las tres posturas frente a la cuestión de los universales en la Edad Media.
 
 
76. FUNCIONES JUDICATIVA Y DISCURSIVA DEL ENTENDIMIENTO
 
   El entendimiento, además de la función abstractiva o propiamente intelectiva, tiene las de juzgar (función judicativa) y de razonar (función discursiva). Cad una de estas tres funciones dan lugar, como producto, a las tres formas generales del pensamiento que vimos en Lógica: concepto, juicio y razonamiento. Si bien la abstracción es la función intelectiva básica, que separa la animalidad d la racionalidad, las otras dos funciones son necesarias también para esto que llamamos pensar, actividad humana por excelencia.
   El juzgar es una operación intelectual simple por la que afirmamos o negamos un concepto (predicado) de un sujeto (sea o no conceptual). (<<El mercurio es un metal>>, <<Juan no es sincero>>.) Hay que distinguir en la génesis de los juicios tres momentos psicológicos: 1º) el acto de tener presentes en la mente dos o más conceptos e imágenes, relacionándolos o comparándolos entre sí; 2º) el acto de atribuir –positiva o negativamente– la conveniencia de unos con otros; 3º) la adhesión de la mente a esta atribución (afirmación o negación). No hay verdadero juicio sin estos tres elementos, que se dan íntimamente unidos en un acto simple de la mente. El acto de juzgar pone a la mente ante la noción de verdad o de falsedad (relación del pensamiento con la realidad), que no se da todavía en el mero concepto.
   Por último, la función discursiva del entendimiento consiste en relacionar distintos juicios entre sí para la averiguación de otras verdades, cuya garantía dependerá, para la mente, de los anteriores juicios relacionados. El raciocinio es indispensable para el alumbramiento de nuevos juicios y para el progreso del saber. Como forma objetiva o ideal del pensamiento lo hemos estudiado detenidamente en Lógica, tanto en su modalidad deductiva como inductiva (lección VI).
 
 
77. NATURALEZA ESPIRITUAL DEL ENTENDIMIENTO
 
   Se entiende por espiritual aquel ser que en sí mismo y en su obrar es independiente de la materia, aun cuando pueda estar unido a ella por unión sustancial o por unión accidental.
   Por no poseer naturaleza material, el ser espiritual no está integrado de partes extensas, por lo que se dice de él que es simple. Ello no implica que no esté compuesto de partes entitativas, como la esencia y la existencia. La simplicidad absoluta (incluso entitativa) es atributo sólo de Dios.
   El entendimiento es la facultad de conocer objetos inmateriales (conceptos, relaciones, etc.); incluso lo que es material es captado por el entendimiento de forma inmaterial, ya que lo conoce en lo que tiene de universal. Una facultad corpórea no podría alcanzar tales objetos ni en tal forma, porque la facultad ha de ser adecuada a sus objetos. De aquí que el entendimiento sea espiritual. Es facultad de un ser espiritual –el alma– que, aunque unida al cuerpo por unión sustancial, goza de la independencia en el ser y en el obrar propia de los seres espirituales (núm. 87).
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