Curso de Filosofía elemental (21)

ETICA
 
 
 
 
XXII
 
La ética
 
 
 
112. NOCIÓN ETIMOLÓGICA DE LA ÉTICA
 
  La palabra ética procede de la voz griega ethos, que significa:
 
   a) Caracter, modo de reaccionar, conjunto de sentimientos, ideas, hábitos y creencias que distinguen a un hombre; esto es, su actitud ante la vida. Así se decía de los héroes y personajes de la tragedia antigua que tenían un ethos, es decir, un principio directivo de sus actos que otorgaban a éstos un sentido profundamente personal.
 
   b) Costumbre. Esta segunda acepción puede considerarse derivada por traslaión de la anterior. En efecto: en toda sociedad de hombres domina un conjunto de creencias, de ideas y de sentimientos, un ethos o carácter general, que inspira el modo más común de obrar dentro de ella. Este modo habitual y general de obrar de los hombres de una sociedad se llama costumbre. La costumbre en la sociedad es como el hábito en el individuo, algo que se hace fácil y casi insconscientemente por la repetición de los actos.
  
   La costumbre se llama en latín mos; de aquí el nombre de moral, con que también se designa a esta ciencia filosófica. Las costumbres –las sanas y antiguas costumbres, por cuya conservación se preocupaban los antiguos– era y son consideradas como norma visible de conducta, del bueno y recto obrar.
   La ética (o moral) no es, sin embargo, un mero estudio descriptivo de las costumbres vigentes en la sociedad, sino que trata de las buenas costumbres en lo que tienen de buenas o rectas, o, más exactamente, de aquello que les hace ser buenas, que es lo mismo que hace buenas a las acciones y actitudes de los hombres individualmente considerados.
 
 
113. LA ÉTICA COMO CIENCIA DE LA MORALIDAD DE LOS ACTOS HUMANOS
 
   El hombre, como hemos dicho, no se limita a conocer por los sentidos y por la razón, sino que además reacciona sobre lo conocido, y actúa, obra sobre el mundo que le rodea. De modo parecido a cómo los pensamientos, para ser correctos, deben atenerse a unas normas que estudia la lógica, y para ser verdaderos deben reflejar la realidad conocida, así también los actos humanos, para ser rectos o morales, deben responder a una norma o ley que rige la vida del hombre, y dirigirse al bien, es decir, a lo que puede y debe ser rectamente querido por la voluntad. La ética o moral será aquella parte de la filosofía (filosofía práctica) que estudia el obrar humano en cuanto a las normas y fines que determinan su rectitud.
   El objeto de una ciencia es algo que al propio tiempo puede ser estudiado por otras ciencias. A esa realidad de que trata una ciencia se llama, como sabemos, su objeto material; pero cada ciencia estudia su objeto desde su propia perspectiva o punto de vista, en lo cual consiste su objeto formal. La ética tiene como objeto material los actos humanos (y las costumbres, que de ellos emanan), y como objeto formal, la moralidad de esos actos humanos, es decir, su adecuación o inadecuación con la norma moral.
   Sin embargo, la ética no es una ciencia puramente deductiva que, a partir de la idea de bien, pueda extraer todas las normas morales. Debe partir, ciertamente, de principios generales, pero debe también tener en cuenta la naturaleza del sujeto humano que obra, su modo de obrar y las condiciones de sus actos. De aquí sus relaciones con otras ciencias filosóficas, especialmete la metafísica y la psicología.
 
 
114. RELACIONES CON LA METAFISICA
 
   La ética, por cuanto estudia la educación o inadecuación de los actos humanos a su norma de licitud, esto es, su moralidad, no puede dejar de fundamentarse en los principios de la metafísica, que es la ciencia del ser y de sus relaciones generales. Si la conducta que se ajusta a la ley moral es aquella que conduce al hombre hacia su fin o hacia su bien, su conocimiento exigirá poseer previamente una doctrina acerca del fin o del bien del hombre y de su conexión dentro del mundo, doctrina que nos es suministrada precisamente por la metafísica.
   En rigor, la ética es una parte o aplicación de la metafísica, por cuanto ésta estudia el ser, las distintas clases de seres y las relaciones entre los mismos. La noción de bien que maneja la ética se apoya en el concepto de ser, que es objeto de la metafísica. El bien es el mismo ser, en cuanto que puede perfeccionar a otro ser y resultar apetecible o deseable para él. De los seres, sólo Dios, que es plenitud y acto puro, carece de tendencia y de movimiento: nada puede perfeccionarlo, puesto que El es la perfección absoluta. Pero los demás seres, que contienen en sí mezcla de acto y potencia –de ser y de no ser–, tienden naturalmente hacia su propia plenitud a través de los seres que los perfeccionan, que son su bien. Los seres, dentro del orden del Universo, están relacionados unos con otros de forma tal que se perfeccionan o complementan mutuamente. En rigor, todas las cosas, en cuanto al ser que tienen, pueden perfeccionar a algún otro ser y resultar para él deseables. De aquí que la noción del bien sea tan extensa y universal como la de ser (todo ser es bueno, es decir, deseable). Bien es así el mismo ser con relación a algo o alguien que lo apetezca y al que perfeccione.
   Pero los seres de la Naturaleza tienden hacia su propio bien o perfección de muy distinta manera. Los seres de la Naturaleza no viviente tienden de un modo ciego, inconsciente, en virtud de tendencias naturales impresas en su ser (así la caída de los graves o las afinidaes químicas de los cuerpos, etc.). Los seres vivientes dotados de conocimiento (los animales) tienden hacia lo que les perfecciona o conviene de un modo consciente, pero no reflexivo; es decir, conocen lo que les perfecciona y se sienten atraídos por ello, pero desconocen las razones de apetibilidad, es decir, el por qué aquello les conviene. El ser racional (el hombre), en fin, tiende de un modo no sólo consciente, sino reflexivo o racional; conoce no sólo la cosa apetecida, sino las razones por las que la cosa es deseable. En esta forma de tender racional o reflexivo radica, como vimos (núm. 82), la libertad o libre albedrío del hombre: dado que las cosas que rodean al hombre son, como toda criatura, una mezcla de ser y de no ser (son imperfectas), la razón humana capta los motivos y los contramotivos de deseabilidad, y así la voluntad no se halla determinada o impulsada necesariamente hacia un objeto determinado.
   La ética estudiará de este modo la cuestión de cómo la criatura racional y libre puede y debe utilizar el movimiento que hacia su plenitud o perfección tiene impreso en su ser, y que realizará libremente. De lo cual se deduce que la ética o moral no sólo no puede separarse de la metafísica, sino que viene a ser como su culminación, ya que trata del modo de tender rectamente o de perfeccionarse la criatura más consciente y perfecta de este mundo, que es la criatura racional.
   Según Santo Tomás, la Sagrada Teología trata de Dios, del movimiento en las criaturas hacia El, que es su bien último, y de Cristo, que es mediador en esta ascensión o camino de perfecció.
   Algunos moralistas pretenden que la ética pueda desarrollarse sin necesidad de la metafísica. La ética sería, según esta opinión, independiente de la metafísica, e incluso previa a ésta. Así: a) El positivismo moral, para el que la ética sería una simple descripción de las costumbres morales de los distintos pueblos. Sin embargo, esto no constituye una moral, sino sólo un capítulo de la etnografía. b) El intuicionismo ético, según el cual el conocimiento moral es independiente del previo saber racional sobre el ser, y se adquiere a través de un acceso propio y directo (no racional) –una intuición moral— que no precisa, por ello mismo, cimentarse en la metafísica ni relacionarse con ella. Característica de esta corriente en la escuela axiológica o teoría de los valores (Max SCHELER), para la que el valor moral se adquiere por una intuición o estimación emocional, ajena al conocimiento racional del ser.
 
 
115. RELACIONES CON LA PSICOLOGÍA
 
   La ética y la psicología tienen parcialmente un mismo objeto material; es decir, tratan de una misma realidad, que es la de los actos humanos. Decimos, sin embargo, que su objeto material coincide sólo parcialmente porque la psicología trata también de actos del hombre (y del animal) que no pueden ser objeto de consideración moral por no ser actos realizados racional ni libremente.
   Pero si ética y psicología coinciden en un mismo objeto material (los actos racionales y libres), se diferencian, en cambio, por su objeto formal o punto de vista desde el que cada una los considera. La psicología estudia esos actos como tales hechos psíquicos en su realidad natural (es decir, en su génesis, desarrollo y conexiones), al paso que la ética los considera en su relación con su bien o norma de su rectitud.
   La bondad o malicia de un acto –su moralidad– no es algo independiente o separable de su realidad psicológica, sino una cualidad del mismo acto. Pero cabe una consideración psicológica que prescinda del aspecto moral u ordenación del acto a su verdadero fin, como cabe también una consideración moral que prescinda de su aspecto psicológico natural.
   En todo caso, y dada esta coincidencia de objeto material, ha de comprenderse la importancia que para el estudio de la moralidad ha de poseer el previo conocimiento de la realidad psicológica de los actos. No puede valorarse moralmente un acto sin conocer su naturaleza psicológica, su génesis y el grado de racionalidad y albedrío que concurren en el mismo.
 
 
116. DIVISIÓN DE LA ÉTICA
 
   Suele dividirse a la ética en dos partes:
 
   a) Ética general, que tiene por objeto la esencia y fundamento del orden moral. En ella se estudia: el acto moral, el bien o fin último del hombre, la ley moral (o norma objetiva de moralidad), la conciencia moral (o norma subjetiva de moralidad) y los hábitos morales (virtudes y vicios).
 
   b) Ética especial. En ella se trata de la moralidad en las diversas direcciones en que se especifica la vida humana según los objetos de la misma. Se llama también doctrina de los deberes o deontología (deberes para con Dios, para con el prójimo y para con uno mismo).
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