Curso de Filosofía elemental (30)

XXXVIII

Nacionalidad y federación

 

184. LA FEDERACIÓN HISTÓRICA EN LA GÉNESIS DE LAS NACIONALIDADES

   Las nacionalidades que hoy conocemos no son formaciones espontáneas por el mero crecimiento de la familia. Es cierto que si observamos aisladamente las naciones tal como ahora existen tenemos la impresión de que cada una de ellas –dentro de unas fronteras ya antiguas, con una lengua común, con costumbres peculiares– es como una unidad natural, casi de la misma índole que la unidad geográfica de una isla. Pero si ahondamos en la historia descubrimos que este conjunto, que hoy nos parece relativamente homogéneo, es el resultado de la fusión de elementos muy diversos, fusión lograda muchas veces por la guerra; otras, por pactos que han hecho posible una convivencia unificadora.
   Sobre una unidad, al principio débil, la convivencia ha ido lentamente, al correr de los siglos, limando diferencias, estableciendo nuevos lazos, dando ocasión a la realización de ideales comunes. Con frecuencia esta unidad espiritual y de relación (comercial, económica, cultural) que se va produciendo por la convivencia tiene por único origen una común fe religiosa, y a menudo también cristaliza en una unidad política cuando sobre los pueblos que conviven aparece un peligro común. Así, la conciencia nacional de Alemania surgió con ocasión de la invasión napoleónica.
   En general, cuando varios pueblos políticamente independientes conviven en empresas comunes durante varios siglos, alcanzan un punto de evolución en el cual la unión política se hace posible; de esta unión resultará una más intensa convivencia y, con ella, el origen de una nación más amplia, en la que las diferencias de los componente no quedan borradas, pero sí articuladas en un sistema superior. Se entiende por federación, en un sentido amplio, la forma de unión política que no borra las diferencias y derechos de cada uno de los componentes. La federación es, sin duda, uno de los métodos más deseados y eficaces en la configuración de las naciones, mucho más deseable que la conquista, por ejemplo. La importancia del factor religioso en la formación de federaciones y de naciones queda patentizado en el carácter originario de las grandes civilizaciones históricas (la Cristiandad, el Islam, etc.).

   Como ejemplos de proceso federativo en la génesis de pueblos y nacionalidades se pueden citar los siguientes:

a) En el mundo antiguo, las anfictionías de las ciudades griegas, que fueron un medio decisivo en la configuración del espíritu nacional helénico. Eran asociaciones de ciudades fundadas en vínculos originariamente religiosas (anfictiones se llamaba a aquellos que viven alrededor de un santuario), que adquirían en seguida un carácter político.

b) En la Edad Media, la incorporación monárquica –federación en el fondo– fue el origen de muchas naciones europeas: León y Castilla, Aragón y Cataluña; luego Castilla, Aragón y Navarra hicieron, por ejemplo, la unidad nacional española.

185. ESTRUCTURA FEDERATIVA INTERNA DE LAS ANTIGUAS NACIONALIDADES. SU CARÁCTER ABIERTO A MÁS AMPLIAS FEDERACIONES

   El proceso que a lo largo de la Edad Media creó las antiguas nacionalidades europeas fue un proceso esencialmente federativo. Pero puede decirse también que la vida y constitución interna de los pueblos fue durante aquellos siglos y los principios de la Edad Moderna una coexistencia federal. Cada pueblo de España, por ejemplo, se concebía como una comunidad de familias y vecinos, y contaba con una propiedad comunal, que se consideraba como patrimonio de todas esas familias, inalienable porque no pertenecía sólo a la generación presente, sino también a las venideras. Cada municipio poseía además su organización jurídica y sus ordenanzas propias, adaptadas a sus costumbres y modos de vida. A lo largo de las luchas de la Reconquista, todos los pueblos se consideraban, como por un derecho natural, independientes en lo que convenía al gobierno interior o municipal, pues los reyes y señores feudales se limitaban a exigir las pechas o tributos y la aportación personal para la guerra. El Estado, en el concepto moderno de una estructura nacional uniforme de la que todo organismo inferior recibe vida delegada, no existió en la Antigüedad ni en la Edad Media.
   Federal fue asimismo la génesis o formación de lo que hoy llamamos España –la unión histórica de los pueblos peninsulares–, como federal es su escudo, constituido por la agrupación de cuatro diferentes bajo una misma corona. Esta federación se realizaba a veces a favor de la política matrimonial de las casas reinantes; otras, a causa del proceso de homogeneización y convivencia que entre los pueblos se operaba y de sus consiguientes convivencias históricas. La no realización de alguno de estos dos factores dificultaba a veces la federación; pero ésta, por uno u otro camino, se verificaba al cabo o encontraba, al menos, un cauce para ello, abierto siempre a una progresiva federación.

186. EL NACIONALISMO MODERNO, INMOVILIZADOR EN ESTADOS UNITARIOS Y CERRADOS

   La pérdida de la unidad religiosa, primero, como consecuencia de la escisión protestante, y la Revolución francesa, más tarde, truncaron el proceso de federación en los pueblos cristianos, destruyendo la interna estructura federativa de la sociedad y estableciendo las nacionalidades como unidades absolutas, es decir, indivisibles e infederables.
   En la Revolución francesa se pretendió constituir la Nación en torno a la llamada Voluntad General (Asamblea Constituyente de los ciudadanos) y dar una Constitución unitaria y centralista al país, que acabase con las variedades políticas internas de origen histórico. Francia sería concebida desde entonces como un Estado unitario, una unidad cerrada y absoluta, sin variedades ni diferencias interiores ni apertura hacia una unión exterior. Revoluciones semejantes se operaron en los demás países europeos a raíz de las guerras napoleónicas (en España, las Cortes de Cádiz), y las naciones americanas, que por entonces se separaban de la Corona española, adoptaron también el régimen constitucional de la Revolución francesa. La razón de Estado y el interés nacional fueron desde ese momento principios inapelables en la política de cada nación y crearon abismos entre las distintas naciones europeas, partes antaño de una misma cristiandad, desencadenando al mismo tiempo las terribles guerras nacionalistas de nuestro siglo.

187. TENDENCIAS FEDERALISTAS DE LA ACTUALIDAD

   Aunque un verdadero y eficaz federalismo resulte imposible a partir de la existencia de Estados nacionales unitarios, es decir, carentes de una previa estructura federal en el seno de los mismos, las desastrosas guerras a que condujeron las pasiones nacionalistas han despertado en la Europa de hoy un renacer del federalismo en el anhelo general de una superación orgánica de las actuales nacionalidades. Incluso han surgido, a partir de 1948, instituciones de carácter europeísta, fruto de esa necesidad federativa que tan fuertemente se ha sentido.
   Cabe señalar, ante todo, la O.E.C.E. (Organización Europea de Cooperación Económica), que ha desempeñado una gran función de aproximación entre las naciones europeas, aun cuando su constitución obedeciera a una finalidad circunstancial: la administración de la ayuda norteamericana del Plan Marshall. Pero la primera realidad de carácter verdaderamente europeísta fue el Consejo de Europa, de función más bien consultiva. Muy pronto se constituyeron otras organizaciones más especializadas, de carácter económico e industrial; organizaciones que, sin duda, están tejiendo lazos cada vez más estrechos entre muchos países europeos. Son éstas: la Comunidad del Carbón y del Acero (C. E. C. A.) (1951), el Euratom (Comunidad Europea de Energía Nuclear) (1958) y el Mercado Común (1959).
   El Mercado Común comenzó a discutirse en 1955, pero el tratado fundacional se firmó en Roma el 26 de marzo de 1957, para ser puesto en aplicación el 1 de enero de 1959. El Mercado Común proclama cinco libertades: 1ª) Libertad de circulación de mercancías (abolición de aduanas, supresión de contingentes de exportaciones e importación). 2ª) Libertad de circulación de capitales. 3ª) Libertad de circulación de personas (es decir, de la mano de obra). 4ª) Libertad de prestación de servicios. 5ª) Libertad de establecimiento. Estas libertades se establecen a través de los seis países de la llamada Pequeña Europa.

 

XXXIX

Sociedad internacional

 

188. RELACIONES ENTRE LOS ESTADOS

   La Europa medieval, y aun la moderna hasta las guerras de religión, formaba, al menos teóricamente, una unidad espiritual, y aun política, que era la cristiandad. Aunque la desgarraran mil rivalidades interiores, y aunque los príncipes llegaran a ser, de hecho, soberanos independientes, se mantuvo siempre la idea del primado espiritual del Papa y del primado temporal del Emperador (Sacro Imperio Romano Germánico). La cristiandad oraba así <<por la paz y concordia entre los príncipes cristianos>>, y éstos se unían en empresas comunes a la cristiandad (como las Cruzadas, la Reconquista, los mismos Concilios), manteniéndose un recurso de conciliación en las luchas y un cauce posible de futura integración.
   A partir de la paz de Westfalia (1645), que señala, con el agotamiento de las armas españolas, la pérdida de la unidad religiosa, los Estados se constituyen en soberanos, y la cristiandad, como unidad de fe y (hasta cierto punto) de estructura, se sustituye por una coexistencia de Estados absolutamente independientes. La paz se sostiene sólo por el llamado equilibrio europeo de fuerzas. La Revolución, más tarde, consumó este principio de nacionalidades cerradas al negar todo carácter religioso al poder y hacerlo depender de la <<Voluntad Nacional>>; al hacer también de cada nación una estructura centralizada, cuya única ley y principio de organización corresponden al Estado.
   Los Estados nacionales no pueden, sin embargo, vivir en aislamiento, sino que han de convivir y relacionarse entre sí. El nacionalismo extremo de los sistemas totalitarios (1930 a 45) propugnó el ideal de la autarquía, según el cual la economía y la política interior y exterior de cada nación debe tender a bastarse a sí misma sin ninguna forma de dependencia ni aun de intercambio respecto del exterior. Tal ideal es contrario a la comunidad natural de los humanos, a la comunidad en una fe y a la variedad complementaria de tierras, productos y caracteres en los diversos países. Las relaciones entre los Estados, como personas jurídicas dentro de un Derecho Internacional Público, es algo necesario e ineludible que deriva del orden natural.

189. EL DERECHO DE GENTES

   Al igual que las relaciones entre personas individuales, las relaciones entre Estados deben someterse a la moral, ya que los hombres todos participan de una naturaleza común y están sometidos a una misma ley natural. Fue Nicolás de MAQUIAVELO, en la época del Renacimiento, quien primeramente trató de sustraer el orden político del dominio de la moral natural, suponiendo que rige en él una mera técnica de gobierno autónoma, y que nada debe prevalecer a la <<razón de Estado>> y a la voluntad del Príncipe.
   Ese derecho común a todos los hombres fue llamado por los antiguos juristas romanos ius gentium o derecho de gentes. <<Se llama derecho de gentes a lo que la razón natural estableción entre todas las gentes>>. (VITORIA, De Iuris, I, 18). Es el derecho positivo en lo que tiene de más elemental por dimanar de la naturaleza humana de un modo inmediato, y resulta, por lo mismo, común a las legislaciones de los diversos pueblos y civilizaciones. Es también el derecho mínimo y elemental que supervive entre los pueblos en caso de guerra. Por ejemplo, atravesar un territorio y aun establecerse en él siempre que no entrañe daño para sus moradores, cuidar y mantener a los heridos y prisioneros de guerra, etc., son exigencias del derecho de gentes.
   Ahora bien, dado el principio moderno de la soberanía de los Estados, ¿a quién recurrir en caso de conflicto de intereses? ¿Qué normas de común aceptación podrán resolverlo? Según algunos autores sólo cabe la guerra, cuya declaración es un hecho anexo a la soberanía estatal.
   Corresponde a los españoles la gloria de haber desarrollado la doctrina del Derecho de Gentes aplicándola al Derecho Internacional como la base de su obligatoriedad universal. El Siglo de Oro español (XVI-XVII) prolonga, dentro de la Edad Moderna, el pensamiento cristiano y mantiene, dentro de la gran pérdida de la unidad religiosa con que se inicia esa Edad, la idea de un orden natural engendrado por la ley divina. A partir de los pensadores españoles de esta época (Vitoria, Vives, Suárez) la noción de Derecho de Gentes pierde su acepción de derecho positivo emanado directamente del derecho natural (lo común a todas las legislaciones positivas) para hacerse equivalente –como lo es hoy– a Derecho Internacional Público.
   El dominico Francisco de VITORIA (1480-1546) establece que el Derecho de Gentes es un cuerpo de leyes universales aplicable a las relaciones entre los pueblos, y que su obligatoriedad no surge de la convención humana, sino de la ley divina (De potestate civili). El P. SUÁREZ (1548-1617), jesuita, el más ilustre filósofo clásico español, autor de las Disputaciones metafísicas, en su Tratado de las leyes, es quien, antes de Grocio, sienta las bases del Derecho Internacional Público moderno. Aunque cada Estado sea soberano y libre, y constituya en sí una comunidad perfecta, es al propio tiempo una parte de la Humanidad, y no puede prescindir de las demás.
   El derecho internacional positivo, y no meramente abstracto y teórico, es hoy ya una realidad efectiva.

190. EL DERECHO A LA GUERRA

   Desde el punto de vista del Derecho Internacional, la guerra es una situación de vilencia entre dos o más Estados, acompañada de ruptura de relaciones pacíficas.
   Las guerras se clasifican en ofensivas, defensivas, preventivas y de intervención (que tienen lugar cuando un Estado se decide por un beligerante ya en guerra).
   El derecho a la guerra es el tema de la célebre Relección de Vitoria De iure belli. En ella se reconoce, efectivamente, el derecho a la guerra, pero sólo en un caso a saber: cuando se trata de restaurar un derecho injustamente violado –una iniura–, siempre que la restauración no pueda conseguirse por medios pacíficos.
   El fin de la guerra es la paz, que sólo es tal cuando reina la justicia.
   No es precisamente la guerra defensiva (cuando se es atacado) el único título del derecho a la guerra. Incluso la guerra defensiva puede ser injusta si el ataque puede ser detenido por negociaciones pacíficas. En cambio, una guerra ofensiva puede ser justa cuando por medio de ella se pretende restaurar el derecho violado. Así, si los españoles tienen derecho a hacer la guerra en América –dice el P. Vitoria–, no es por la negativa de los indios a admitir la ley evangélica, puesto que la fe no puede imponerse por la fuerza. Se funda en el hecho de que los indios habían negado a los españoles los derechos que les correspondían, como miembros de la comunidad universal, a residir en América, comerciar con los indígenas, propagar el Evangelio (sin imponerlo) y naturalizarse en dichas tierras.
   La distinción entre guerras justas e injustas del P. Vitoria es negada por otro clásico español, Luis Vives, para quien la guerra nunca es justa, aunque pueda ser necesaria.

191. CONDICONES DE LA GUERRA JUSTA

   Se admitia el derecho a la guerra o se considere a ésta como una necesidad, los autores clásicos enumeran cinco condiciones para que su declaración sea justa o, al menos, un hecho admisible.
   1ª Que sea declarada por autoridad legítima. Según el P. Vitoria, la declaración de guerra es uno de los asuntos que no debe resolver el rey sin anuencia de la representación de los súbditos más sabios y virtuosos, por ser cuestión que afecta a todo el cuerpo de la sociedad civil o república.
   2ª Que se haga por una causa justa (restauración de un derecho violado injustamente).
   3ª Que tenga esperanza de éxito.
   4ª Que pueda ordenarse al bien común internacional.
   5ª Que se hayan agotado todos los medios pacíficos.

192. SOCIEDADES DE NACIONES Y TRIBUNALES ARBITRALES

   Después de desaparecer históricamente tras las guerras de religión el ideal de una unidad estructural de la Cristiandad (concepción medieval del Pontificado y el Imperio), se intentó todavía establecer un orden supranacional europeo sobre bases religiosas en la Santa Alianza, que puso término a las guerras de Napoleón. Posteriormente a ese ensayo se han iniciado otros, pero ya sobre bases religiosamente neutras.
   La extensión y gravedad de la Guerra Europea 1914 inspiró a los vencedores el establecimiento de una Sociedad de las Naciones, con garantías mutuas para la independencia e integridad de todos los Estados, grandes o pequeños. Su vida fue efímera, puesto que veinte años más tarde estallaba otra conflagración de proporciones y ámbito superiores (Guerra Mundial de 1939-45).
   Las potencias aliadas, vencedoras también en esta segunda gran guerra, fundaron en la Conferencia de San Francisco (1945) la Carta y Organización de las Naciones Unidas (O. N. U.), que ha llegado a agrupar a todos los países en un sistema de relación permanente. Son órganos de la O. N. U.:
   1º. La Asamblea General.
   2º. El Consejo de Seguridad.
   3º. El Consejo Económico y Social.
   4º. El Consejo de Administración Fiduciaria.
   5º. El Tribunal Internacional de Justicia.
   6º. La Secretaria Permanente.
   7º. Organismos especializados (como la U. N. E. S. C. O. para asuntos culturales y de enseñanza).

   Posteriormente la O. N. U. ha llegado a poseer un pequeño ejército o policía internacional que ha intervenido con eficacia en conflictos locales diversos (Corea, Chipre, etc.). Sin embargo, la situación mundial que viene presidiendo la O. N. U. en sus más de veinte años de existencia no ha dejado nunca de ser statu quo armado entre las grandes potencias occidentales y las del grupo soviético.
   Con independencia de esta Organización existen antiguos y acreditados Tribunales de Arbitraje a los que se someten las potencias por propia voluntad para dirimir sus litigios. Así el Tribunal de La Haya (Cour Permanet d’Arbitrage), fundado en 1899 y subsistente todavía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s